domingo, 21 de diciembre de 2008

martes, 16 de diciembre de 2008

Las mentiras que nos cuentan sobre la interrupción voluntaria del embarazo


Cuando estamos embarazadas y no queremos ser madres, el aborto es una opción absolutamente legítima. Sin embargo, se nos bombardea con mentiras para causarnos cargo de conciencia y finalmente tengamos un hijo del que no podremos ocuparnos con el solo objetivo de aumentar la natalidad o satisfacer el deseo de las parejas que no pueden tener sus propios hijos.

Seguir Leyendo...

Los llamados grupos “pro-vida” pretenden incriminarnos y para eso no escatiman en argumentos manipuladores y falsos:

La primera mentira es hablar de “niños no nacidos” y acusar a las mujeres que queremos abortar de ser “asesinas de niños”.

¿Es esto cierto?

Pues no. Si miramos el significado de nacer en el diccionario de la RAE, vemos que para que una persona nazca tiene que salir del vientre materno y ser capaz de vivir fuera de él.

El significado de nacer se aplica de la misma forma para los demás seres vivos. Es decir, las aves nacen cuando salen del huevo, y las plantas nacen cuando salen (germinan) de la semilla.

Y si nadie confunde un sobre de semillas con un ramo de flores, ¿se puede confundir un embrión o un feto con una persona?

Porque no es lo mismo, es que generalmente es posible interrumpir el embarazo en las primeras semanas. Por ejemplo, interrumpir un embarazo de 4 semanas significa extraer del útero un coágulo de sangre que pesa menos de un gramo y mide de 2 a 4 milímetros. Y hay que tener mucha mala fe y muchas ganas de engañarnos para llamar a eso “niño”

Otro argumento que se utiliza es decir que las mujeres no tenemos derecho a nuestro propio cuerpo y por tanto no tenemos derecho a abortar, porque durante el embarazo se está desarrollando un ser distinto de la madre.

Este argumento parte de la idea que se tiene de que las mujeres somos seres distintos e inferiores a los hombres y que debido a la maternidad, no tenemos derecho, como tienen los hombres, a disponer y decidir sobre nuestra propia vida. Es decir, somos una especie de envase sin cerebro ni sentimientos, que estamos a disposición de “los demás”, llámese pareja o sociedad. De ahí surge también la idea de “madre abnegada”, que supone que tenemos que olvidarnos de nosotras mismas, de nuestros deseos y necesidades, para atender a los demás. O la idea de “mujer objeto”, cuya sexualidad debe estar a disposición de los hombres, porque ellos “tienen necesidades que no pueden controlar” mientras que nosotras no tenemos necesidad sexual ninguna y mucho menos, incontrolable.

Un tercer argumento es hablar de los riesgos del aborto y del “trauma” que ocasiona.

Algunos datos:

La OMS indica que desde el punto de vista de la salud pública, cuando el aborto se practica en condiciones seguras, es una intervención que apenas representa riesgos. La tasa de mortalidad es apenas de uno por cada 100 mil intervenciones, es decir, menor que el riesgo asociado a los embarazos llevados a término en las mejores circunstancias posibles.

Sin embargo, en el mundo se realizan más de 18 millones de interrupciones del embarazo clandestinos o que no tienen todas las garantías sanitarias. El riesgo de morir como resultado de un aborto peligroso es de 350 por cada 100 mil mujeres.

En cuanto al trauma psicológico… dependerá de las ideas que tengamos en la cabeza. Desde luego, si nos creemos las mentiras sobre las asesinas de niños, el trauma será grande. Ahora bien, si estamos seguras de que no podemos, no debemos, no queremos tener un hijo cuando no estamos preparadas para ello… el trauma será mínimo o inexistente.

El verdadero trauma empieza cuando pasamos por un embarazo no deseado, tenemos un hijo que no podemos cuidar, que dejamos en manos de terceras personas y que nos obliga a ir por la vida llenas de remordimientos.

Por otra parte, las únicas obligadas a dar a sus hijos en adopción o a arriesgar su vida son las mujeres pobres. Ellas engrosan las listas de mujeres muertas al dar a luz o de los abortos clandestinos.

Es por todo esto que defendemos:

el derecho al aborto libre y gratuito
el derecho a decidir por nosotras mismas si queremos o no ser madres
el derecho a disponer de todos los medios anticonceptivos
el derecho a disponer de nuestro propio cuerpo

Defendemos el aborto libre y gratuito en la seguridad social para que este derecho no dependa del dinero o a la clase social a que se pertenece. Actualmente, las mujeres que tienen acceso a un aborto seguro son las que lo pueden pagar, tanto en España como en el resto del mundo.

Sacar el aborto del código penal y dejar que las mujeres tomemos nuestras propias decisiones es un derecho inalienable que no estamos dispuestas a dejar en manos de burócratas, políticos ni empresarios.

De nosotras depende.

x Mujeres Rojas

Artículo publicado en La Haine el día 14 de diciembre de 2008.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Regala un juguete no sexista


Las capacidades intelectuales, psíquicas, emocionales y motoras del niñx se desarrollan de forma más eficaz a través del juego y de los instrumentos necesarios para ponerlo en práctica, es decir, los juguetes. El juego es, por lo tanto, un conjunto de estímulos y experiencias que van a condicionar los matices de la personalidad.

Seguir Leyendo...

Sabiendo esto, parece lógico pensar que, las personas responsables de la educación de un niñx tratarán de darle lo que consideren más beneficioso para él en esta etapa tan importante de su desarrollo como persona. Sin embargo, la triste realidad es que tanto los comercios como nuestras casas se llenan en estas fechas de actitudes que inculcan unos valores claramente negativos. Con las desmesuradas compras navideñas estamos iniciando a los niños en el consumismo agresivo del que es víctima nuestra sociedad, aun en tiempos de crisis económica. Y lo que es más grave, estamos regalándoles juguetes que inculcan valores belicistas, individualistas y, sobre todo, claramente sexistas.

¿Por qué en la publicidad se utiliza un lenguaje discriminativo, en el que queda muy claro si el juguete está dirigido al niño o a la niña? ¿Por qué desde pequeños deben sufrir esta exclusión de género?

Aunque recibamos bombardeos publicitarios poco sensibilizados con muchos de los valores básicos, parémonos un momento a pensar qué estamos haciendo, pues hemos de ser conscientes de que elegir un juguete adecuado es una responsabilidad.

¿Por qué los juguetes relacionados con tareas domésticas y el cuidado de los hijos van dirigidos siempre a las niñas? ¿Por qué se las incita a ser dulces, cariñosas y a llenar su cuerpo de adornos, mientras se las fijan unos cánones de belleza imposibles, con muñecas totalmente desproporcionadas? ¿Es una actitud sumisa y de mero objeto sexual la que deseamos para las mujeres del mañana?

Desde Liza, Asamblea de Mujeres Combativas, luchamos por la igualdad entre mujeres y hombres. Por lo tanto no podemos tolerar los comportamientos sexistas, y por supuesto debemos erradicar las raíces de los mismos. Creemos que los juguetes condicionan de manera importante el papel con el que el niñx se identificará en un futuro. Por eso no podemos permitir que la discriminación sexista esté presente en la educación.

Por todo ello, hacemos un llamamiento a la reflexión. Erradicar las actitudes sexistas es tarea de todxs. Si no queremos mujeres oprimidas, no las eduquemos a partir de los cánones de opresión.

CON LA DISCRIMINACIÓN NO SE JUEGA

viernes, 5 de diciembre de 2008

El precio de ser mujer


Me llamo Rosa, o quizá Karina o Cristina, eso no importa, soy del norte del país, o del sur o del centro, la verdad eso tampoco importa en estos momentos. Mi estatus socioeconómico ahora no es muy relevante, no importa si nací o crecí en el campo o la ciudad, tampoco mi nivel máximo de estudios. En estos momentos ya nada de eso importa, lo único que importa es mi historia, una historia que día a día viven miles de mujeres.

Seguir Leyendo...

Mi cuerpo fue encontrado abandonado a las orillas de una carretera, ahí estaba yo, tirada en medio de la nada, si acaso unas aves de rapiña se empezaban a cercar, ellas eran mi única compañía cuando unos transeúntes pasaron por aquel lugar y espantados por el macabro hallazgo dieron parte a la policía.

Los médicos forenses detallaron cada herida producida, en principio por la fuerza que opuse, ya después por el simple placer de herirme, cada señal de tortura encontrada en mi cuerpo fue registrada; hicieron notar la violencia con la que fue tratado durante los últimos momentos en que este cuerpo femenino se mantuvo con vida. Muchos de mis huesos están rotos, como resultado de la brutalidad ejercida sobre mí. En mis muñecas y mis tobillos quedaron marcadas perfectamente las cuerdas con las que permanecí atada durante el tiempo que permanecí bajo el dominio de mis agresores. Algunas partes de mi piel fueron arrancadas con los dientes, todavía no logró entender el porqué de tanta saña, tanto odio, no logro entender porqué me paso esto.

En el parte médico señalan que fui violada una y otra vez antes de que se escapara el último aliento de vida de mí ser. Mi cuerpo fue torturado, humillado, lastimado, destrozado y aun no entiendo bien porqué… ¿Acaso sólo porque se trataba de un cuerpo femenino? Frágil en apariencia, muchos se sentían con el derecho poseerlo a su antojo como si de cualquier objeto se tratase.

Mi familia tuvo que reconocerme por medio de mis ropas, o más bien lo que quedó de ellas, mi rostro estaba totalmente desfigurado, era prácticamente imposible ver en él a aquella chica llena de vida que antes era. A mi madre casi le da un colapso nervioso al verme ahí, acostada en un cuarto frío, sin la más mínima señal de vida. Desolada se pregunta quien pudo ser capaz de descargar tanto odio sobre mi ser. Llena de rabia se pregunta si algún día quien o quienes me hicieron esto pagaran su delito. Yo también me lo pregunto.

Los fiscales han dicho que buscaran a los culpables de este terrible homicidio... ¿Homicidio? esto no se llama homicidio, perdón pero se equivocan, esto tiene otro nombre: Feminicidio. Me secuestraron, humillaron, me violaron, me torturaron durante varios días, destrozaron mi cuerpo, mi rostro, acabaron con mis sueños y con los de mis padres y mis hermanos, ¿Por qué lo hicieron? Por una razón, porque se trataba de un cuerpo de mujer y porque tenían la seguridad de que nada les iba a pasar a ellos, porque ya lo habían hecho antes.

Mi familia está destrozada, luchan todos los días para que se haga justicia, pero todos los esfuerzos realizados parecen ser en vano, al igual que los esfuerzos de otras madres y padres, de otras hermanas y hermanos, que todos los días se tienen que enfrentar a una dura realidad: sus hijas, sus hermanas, sus novias, sus primas, al igual que yo pagaron el precio de ser mujeres. Fueron victimas de feminicidio, ¿acaso es un delito muy grave nacer siendo mujer?

Algunos tienen el cinismo de decirle a mi madre que al menos ella pudo encontrar mi cuerpo, otras madres ni siquiera eso pueden tener, viven con el dolor de desconocer el paradero de sus hijas; es duro, sin embargo tienen razón.

Mi expediente ha sido archivado en las bodegas de un juzgado, ahí esta llenándose de telarañas junto a otros expedientes parecidos a los míos. Todo parece indicar que no pasará nada más, quienes me hicieron esto hoy permanecen impunes, tranquilos sabiendo que todo seguirá así. Que podrán volver a hacerlo y que este sistema de justicia totalmente podrido nada hará por castigarlos, por impedir que sigan disponiendo de otros cuerpos femeninos a su antojo.

Hoy me he sumado a las estadísticas, una muerta más, una más, mañana se nos sumara otra, otra madre llorará de rabia y dolor imaginando como pudieron ser los últimos momentos de vida de sus hijas, asesinadas a base de torturas. ¿Hasta cuando seguiremos pagando el precio de ser mujeres?


Lorena Aguilar Aguilar

Artículo publicado en Kaos en la Red el día 3 de diciembre del 2008.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Carta a un maltratador


MAMÁS Y PAPÁS - MUMMIES & DADDIES (2008)





Seguir Leyendo...
Carta a un maltratador


Fernando Orden Rueda 2º de Bachillerato, de Ciencias de la Salud.
IES Bioclimático, de Badajoz.
II Premio del II Concurso Nacional 'Carta a un maltratador', convocado por la Asociación 'Juntos contra la violencia doméstica'


Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado... porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras... Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu 'método de disciplina' intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?

Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe... La acobardas, la empujas, le das patadas..., patadas que yo también sufría.

Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos...Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!-dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.

Me puse contento antes de tiempo.

Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez...

Y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.

Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.

Y ahora me dirijo a tí. Esta carta es para tí, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.

Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.